Palabras. Brotan de mí, no sé el por qué, a veces siento que tengo que gritar algo y lo escribo. Surgen de pensamientos dispares, tal vez ellas son las que sirven de instrumento para dar lógica a tantas ideas que deben ser lanzadas a este mundo. Vuelan o caen sobre un papel -hoy más bien sobre una red 2.0-. Este blog es mi lienzo donde las palabras encuentran un lugar.
La magia del encuentro.
Esa magia que se transforma, pero jamás desaparece. Las sonrisas ahora son
miradas y los abrazos ahora son… tal vez sean insustituibles. Abrazar es ser
junto al otro de una manera especial es poner el corazón junto con otro corazón,
es un acto valiente abrazar de verdad, permitirse hacer una fusión entre dos
personas, es compartir espacio, compartir tiempo, compartir sentires.
Una vez leí: “Hay un
traje que se amolda a todos los cuerpos: un abrazo”. Nada más nacer mi madre me
abrazó con su alma y muchísimo amor, sin saber que aquel fue mi primer abrazo y
tal vez el más mágico que jamás me han dado. Crecí y un día abracé a alguien sin
ser consciente que estaba dando mi primer abrazo con mis pequeños brazos
abiertos y rodeando a otro ser, no necesité poner palabras a un acto tan humano
e instintivo como es el abrazo, pero… paremos un momento. ¿Yo habría abrazado
si hubiera nacido y crecido en un ambiente sin amor ni cuidados? ¿Habría
abrazado si nadie me hubiera abrazado primero a mí? Puede que el abrazo no
suceda si no está presente el amor. El amor da sentido y nos acerca a otras
personas en el encuentro diario, en el encuentro fortuito, en el encuentro
ocasional, en el encuentro esperado.
Vivimos de encuentro en
encuentro, y a veces no valoro la esencia de cada uno de ellos. La magia que
brota, la luz que surge, la energía que flota. Todo esto se aterriza en la
sonrisa, la mirada, la caricia, el abrazo. La magia es más magia cuando es
sentida, valorada y abrazada.
Soy mujer. Tengo cuerpo de mujer. A veces me siento en una
cárcel. Mi piel es mi reja en esta sociedad que me trata como cosa. Soy gorda o
delgada. Soy guapa o fea. Soy dulce o histérica. Soy el grito que quiere hacer
añicos tanto prejuicio sin sentido.
Soy mujer y mucho más. Soy libertad. Soy un río de sueños
que suena a vida. Soy un vuelo alto que planea risa. Soy un caminar que deja
huellas de encuentro. Soy quien susurra gracias cuando siento sororidad de mis
hermanas y digo basta cuando llega a mí otra historia atroz de una mujer
violada, humillada o asesinada.
Soy mujer y sueño ser quien quiera ser. Soy mujer y quiero
un mundo sin barreras de género, ojalá nuestro límite sea el Cielo. Lugar
infinito sin miedo, sin techos de cristal, sin silencios oprimidos, sin miradas
invasoras de hombres.
Sueño igualdad, respeto y libertad. Soy mujer y sueño con
serlo hoy, mañana y siempre.
Ilustración: Chari Nogales.
"Mi alma entera es un grito, y toda mi obra es el
comentario sobre ese grito".
Puede que nos contaran una historia a medias y en esa mitad no hubiera lugar para frenar el tiempo y sentir la vida lenta. Una lentitud que nace de la consciencia profunda y valiente.
Lentitud que está en la semilla germinada y en el ciclo de una hoja que nace, habita un árbol, viaja a la tierra y lo adorna un tiempo. La lentitud no entiende de inmediatez, no comprende el ritmo de esta sociedad rota que todo lo hace al ritmo de un "ya".
Qué alguien le explique a la brisa que las personas que viven de forma frenética no sienten su caricia en el rostro.
Qué alguien le explique al mar que hay personas que no observan el horizonte y el baile de olas durante un largo tiempo.
Qué alguien le explique a esa hormiga que hay quien no se asombra con su trabajo incansable en su ardua tarea de transportar cargas más grandes que ella.
Qué alguien le explique al murmullo del río que hay quien no escucha su voz e incluso le llaman ruido.
Qué alguien le explique al bosque porque hay humanos que quieren talar sus vidas por un saco de monedas que no vale más que estos seres milenarios que habitan y abrazan su lugar en la Tierra.
Que alguien le explique al mundo que la prisa contamina y la lentitud enriquece a los detalles como esta brisa, mar, hormiga, río, bosque y el tesoro más preciado que se encuentra piel adentro.
Esta reflexión se la dedico a una amiga que es
mirada de luz, carcajada sincera y verdad perenne.
Sí, estoy aquí.
Sonriendo. Hoy pienso el regalo que tengo entre mis manos y miro el cielo, miro
el horizonte, miro mis manos y mis dedos y me siento tremendamente viva. Hoy
intuyo que el tiempo pasará, ¿pasa el tiempo o pasamos nosotros/as? Qué más da,
la teoría es detalle cuando la vida rebosa en la punta de mis dedos y se
desborda en el brillo de mi mirada. Hoy quiero gritar un gracias y quiero
vivir, vivir y vivir.
Seguiré caminando
lugares y sintiendo tantas emociones aún inexistentes… qué más da el futuro si
el presente brilla, sorprende y me regala todo y mi respuesta, supongo que intuitiva,
es regalarme este día y mañana ya veremos, aún no existe ese mañana. Solo tengo
este presente y ojalá yo esté presente en mis segundos vividos, mientras piso
cada una de mis baldosas amarillas. Ojalá mis huellas cuenten historias,
aquellas que yo escribí y si se pierden que sea una ola quien borre el rastro
de mis pies. Hoy mis pies caminan, bailan, saltan… Y todo en este escenario
efímero.
Sonrío porque una
pequeña verdad habita en mí, es pequeña pero me invade de una manera brillante
que siento tan dentro y después se expande más allá de la frontera de mi piel.
Y grito por dentro, grito
de felicidad y mi única manera de expresar ese grito es con la fuerza de mis
dedos sobre un teclado ordenando letras y creando palabras, estas que tú acabas
de leer.
[Invito a la lectura con la misma canción con la que he escrito el siguiente texto]
¿Imaginas tener un par de alas? Grandes, brillantes, con un plumaje colorido y armonioso. Alas del color del alma. Alas a estrenar.
¿Imaginas que descubres tus alas? Me miro maravillada ante el espejo, qué importa tanto defecto que veo reflejado si de mi espalda nacen dos alas que me rodean y me dibujan una sonrisa.
¿Imaginas que aprendes a usar tus alas? Las muevo y descubro que con ellas puedo abrazar, refugiar a otros seres, dar mi calor y cariño con alas de vida, con alas de amor. Las muevo de nuevo, ahora con fuerza, me elevo unos centímetros del suelo y aprendo a volar.
Vuelo y vuelo hacia el horizonte donde una vez sembré mis sueños. Vuelvo a la tierra, me siento en casa cuando mis pies descalzos sienten el latir de la arena de una playa o el musgo en aquel bosque.
Entiendo que las alas son regalo para amar, acoger, abrazar, ampliar la mirada en el cielo, pero siempre con los pies muy cerca de la tierra.
El surco de un vuelo que cumple sueños no es nada sin las huellas de unos pies que soñaron esos sueños.
"Las alas las tienes tan pero tan enterradas, que ni sabes de su existencia. Nunca tuviste tiempo para ellas, para descubrirlas y adiestrarlas". -Jaime Barylko.
Obra de la colección "Rostros femeninos" de David Walker
Unos cuantos porqués
me corroen por dentro. Como siempre te los lanzo con excusas y esta venda –que
conozco−
y envuelve mi mirada, una vez más.
No relataré mis
porqués, carece de sentido trazarlos letra a letra sobre este papel.
Qué pequeña me
siento tejiendo dudas con miedo añejo. Mi entendimiento es corto, en cambio
cada interrogante es inmenso, todos ellos se me escurren entre los dedos.
Tras la lluvia que
me cala, espero. Una espera que cobra sentido en Adviento. Sé que brotas y
siempre brotarás. Sonrío porque el hilo Esperanza siempre entra en mí. Qué
manera de enhebrar tu hilo cuando el ojo de mi aguja es tan pequeño.
Me reconforta esta
espera en la que sé que siempre acaba con tu llegada. Sonrío cuando te tengo en
frente y olvido dudas y olvido miedos y olvido abismos. Llegan las palabras que
necesito y las acojo. Sonrío, sé que estás, estuviste y estarás.
El Adviento se
evapora y llegas. Naces en un pesebre, la mujer del Sí te amamanta, el hombre
de la ternura te mece en sus brazos. El Ángel de la luz te anuncia. Los
pastores de la humildad te admiran. Los reyes de la ilusión te adoran. La
humanidad te espera.
Ad-viento. Viento
de espera, de dudas, sonrisas, miedos y alguna certeza que me mantiene en pie y
la mirada puesta en la vida.